Infinito - obra interactiva de cuadrados

Podríamos pensar que fue Malevich el primero que vislumbró ese cuadrado negro sobre blanco, o ese cuadrado negro con borde blanco, o ese fondo negro con borde blanco. Da lo mismo.

Podríamos pensar que fue Malevich el que fijó ese cuadrado en una pared y que nunca lo vio moverse. Nunca lo vio desplazarse hacia los costados o hacia arriba o abajo. Tal vez, ese uno en esa pared, era sólo ese origen. Ese uno.

¿Es posible pensar un origen multiplicador de semejantes? En donde ese uno se hace tres y ese tres cinco y así. O sea que, ese movimiento va dejando en su traslado algo que lo identifica y algo nuevo que genera y a su vez, eso nuevo que genera es en sí movimiento, y es en sí su propio ciclo, que es igual a la de cualquier otra unidad del sistema. Iguales en su contexto y en su ser. ¿Qué es lo que diferencia entonces a una unidad de otra? El tiempo de traslado de un punto a otro. Nunca es el mismo y nunca va a ser el mismo. Podemos pensar entonces que hay un traslado en conjunto y otro en particular, que en algún punto se juntan y se vinculan y se pierden. Podríamos pensar que esos dos movimientos simultáneos se desarrollan hasta el hartazgo quedando fuera de mi control, de mi marco, generando una hipnosis de cuadrados negros con borde blanco.

Solo un pequeño movimiento de mi mano/ratón generan más y más cuadrados complicando ese origen aún. Esos pequeños botones ocultos en ese mar de cuadrados multiplican mi incertidumbre. Esos pequeños botones que desde el centro manejan el estado de esa hipnosis.

¿Cuál es la ilusión? Solo cuadrados negros con borde blanco moviendose por el espacio. Solo una voz que me reitera números sin una lógica posible pero con una continuidad sin pausa. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? Creamos la palabra infinito solo para mostrar nuestro opuesto, nuestra finitud, nuestra muerte.

¿Y si el comienzo fue un cuadrado?

Vicente Jerm

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